«La Marsellesa», más que un himno.

No nació en Marsella, fue en Estrasburgo y sucedió así.

Plaza Broglie de Estrasburgo, un monumento, un restaurante y un cartel que dice: «Aquí se levantaba la casa donde resonó por primera vez «La Marsellesa» cantada por Rouget de L’Isle en el domicilio del alcalde Dietrich el 26 de abril de 1792″.

Cuenta Mary-Cliquet en «Rouget de L’Isle: Biografía completa e inédita del autor de La Marsellesa« que el alcalde de entonces, el barón Frédéric de Dietrich, fundó el periódico «La Feuille», donde Rouget de L’Isle publicó ensayos políticos y un himno a la libertad.

El regidor y Rouget, capitán del Ejército del Rin, eran amigos. El 20 de abril de 1792 fue invitado a cenar en casa del Alcalde para celebrar la declaración de guerra a Austria de ese mismo día.

De regresó a su casa, en el actual número 81 de la Grand’Rue, a diez minutos a pie del domicilio del Alcalde, con el patriotismo y el espíritu poético por las nubes, cogió su violín y compuso la primera estrofa y la música del himno durante toda la noche.

Dicen que el Alcalde lloró de emoción y alegría al día siguiente, cuando el poeta-soldado volvió a su casa y le cantó el himno recién compuesto. El pintor Isidore Piles pintó aquel momento en un cuadro de 1849 que se conserva en el Museo Histórico de Estrasburgo.

El himno original se llamó «Cántico del Ejército del Rin», del que formaba parte su autor y fue editado el 30 de abril de 1792. Constaba de seis estrofas, a las que se añadió cinco meses después una séptima compuesta por Louis Dubois.

¿Y cómo aquel canto se convirtió en «La Marsellesa»? De Dietrich publicó la letra y la música del himno en «La Feuille», algunos de cuyos ejemplares se distribuyeron en grandes ciudades como Marsella.

El periódico cayó en manos del soldado y músico Charles Vernade, que la cantó a los voluntarios de varios batallones. Atravesaron Francia entonándola y entraron en París el 30 de julio al son del nuevo himno patriótico.

El himno del Ejército del Rin, el himno de los voluntarios marselleses pasó a llamarse «La Marsellesa».


Su éxito superó lo esperado por Rouget de L’Isle, que no imaginaba que poco después media Francia ya se sabía y cantaba su letra.

Unos dicen que Rouget de L’Isle cantó La Marsellesa por primera vez en medio de la plaza. Otros dicen que sucedió en el número 17 de la cercana rue de Charpentiers.

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