Archivo mensual: noviembre 2013

Sevilla tras el Terremoto de Lisboa de 1755

 Una de las Crónicas de lo ocurrido

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Transcripción de los documentos del Archivo Histórico Nacional

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[802] (**) SEVILLA

Sevilla, 4 de noviembre de 1755. 

La Ciudad. 

Ilustrísimo Señor Obispo de Cartagena: Esta Ciudad, habiéndola Dios por un efecto de su admirable Clemencia, libertádola del terremoto que padeció, manifiesta a V. I., a fin de que llegue a la alta comprensión de S. M. el suceso que, en cuanto ha permitido la cortedad del tiempo, se informa a V. I. por ahora, pues se pasará con toda individualidad y extensión las circunstancias y efectos que ha causado y estado en que queda esta Capital.

 

En el día de los Santos, dadas las diez, se empezaron a notar extraños movimientos en la tierra, y a los dos minutos fueron tan considerables, que juzgaron todos ser el último instante en que sería acabada esta gran ciudad, que experimentó por cerca de un cuarto de hora este trabajo. Los clamores, lamentos y movimientos a penitencia no se pueden explicar. Las ruinas acabaron a tres personas en distintos sitios; una de edad adulta, y dos en la infancia. Dicen hay más de este número, pero no se puede asegurar y ha de resultar de las diligencias que se están practicando.

 

El pueblo, en su mayor parte, dejó sus casas y las Iglesias. En la Metropolitana fue mayor la confusión. Estaban dentro por la solemnidad del día un gran número de personas. El venerable Cabildo en el coro, en el Oficio Divino, a cuyo tiempo se empezó a mover la robusta y hermosa fábrica de toda la Iglesia. Los sobrepuestos de piedra de la nave principal desprendieron pedazos grandes. Los fuertes estremecimientos y piedras que se desprendían de este gran templo precisaron al Cabildo y pueblo a dejarla con las mayores lágrimas, y en la Plaza que está entre el Alcázar y Lonja, se mantuvieron.

Se vio con admiración moverse la fortísima torre con repetidos estremecimientos, capaces de desplomarla, si no la sostuvieran, como según inspira creer la piedad, las Santas y gloriosas Patronas Justa y Rufina, siendo tradición que sus cimientos guardan el depósito precioso de sus sacras reliquias. No obstante, será costoso el repararla y difícil de restituirla totalmente a su antigua hermosura.

Santas Justa y Rufina. Retablo principal.

Los edificios principales y elevados han sufrido el mayor peso del estrago. La Alcázar la tiene. El convento de Trinitarios calzados se hundió el cañón de su bóveda. La parte superior de la Iglesia de la casa profesa se desplomó. Las Iglesias de los conventos de San Agustín, San Alberto, el Angel y Montesión están cerradas, y será mayor este número, pues se está actualmente en la visita. Distintos templos parroquiales están en conocidas ruinas.

Y de la Parroquial de Triana se sacó el Santísimo y se depositó en una ermita. Todas las torres han quedado maltratadas, especialmente las de las Iglesias parroquiales de San Pedro y Santa María; ésta última es fábrica de moros, y fortísima. Las casas en general quedan todas maltratadas y necesitadas de remedio, y se ha reconocido hasta ahora que algunas tienen total ruina. En una palabra, en el día no se puede dar idea cierta de este triste suceso, pero en lo que no se puede dudar es en que son necesarios muchos años y considerables fondos para restituir los edificios y casas al estado antecedente.

Mucho padeció el Barrio de Triana, y aseguran personas de notable verdad que vieron dividirse las aguas del río, descubrirse su centro y quedar sobre la tierra de éste los peces, saltando en multitud, y de un color muy negro. En lo que no hay duda es haberse elevado sus aguas con extraordinaria agitación, quebrantarse los cables a las embarcaciones, chocar fuertemente unas con otras, y no pocas quedar en seco.

Las particularidades de este suceso que puede ser sin igual en España, pide para referirse otro tiempo, pues toda la atención de esta ciudad está puesta a el remedio público. Luego que cesó el estruendo, el Cabildo de la Santa Iglesia celebró una misa en la plaza de la Lonja, asistiendo innumerable pueblo, y en procesión cantó el tedeum en acción de gracias al Todopoderoso, que detuvo su Justicia, y usó de su

Misericordia. El Santísimo se llevó del altar mayor de la estrecha capilla del Seminario de San Isidro, que está enfrente de la Iglesia, la que quedó y permanece cerrada. Celebráronse los Oficios Divinos en el expresado seminario.

Determinó el Cabildo desagraviar a Dios aquella tarde por medio de una solemne procesión, la que no pudo encaminarse de la Iglesia parroquial de Omnium Santorum por el riesgo de las calles y ruinas con que se ocupaban muchas, por lo que se ejecutó a la ermita de San Sebastián, que está fuera de los muros, cuyo aviso se dio a esta Ciudad, la que concurrió a esta religiosa función, y también se le avisó que el Cabildo sede vacante había resuelto que, en los días miércoles, viernes y sábado, se ayunase y se hicieran procesiones de rogativas con asistencia de uno y otro clero, de las que ha de asistir esta Ciudad y a la procesión general de acción de gracias que se ha de hacer cuando el tiempo lo permita, y en todos los años la víspera del Patrocinio de la Santísima Virgen se ha de ayunar con obligación de precepto.

Nuestro Asistente, con el mayor cuidado y celo, dio oportunas providencias para reparar en la parte posible, las consecuencias del suceso. Prohibió el uso de los coches y carros. Mandó llamar los Arquitectos. Previno al Conde de Mejorada, nuestro Capitular y Procurador mayor, se convocase a Cabildo extraordinario, lo que se ejecutó prontamente, y se determinó lo que se juzgó ejecutivo en el día, como fue la asistencia a las funciones de la Iglesia, y la visita general de las parroquias por sus respectivos diputados, llevando Maestros alarifes para el reconocimiento de las casas, y proveer a su reparo, o mandar demoler las que lo necesiten, cuya providencia, con la mayor extensión se dio a la puerta, para que los Caballeros diputados la observen en la visita, que con el mayor celo y cuidado, se está ejecutando, procurando dar las Diputaciones visible testimonio de su verdadero amor al público en ocasión tan urgente. Y nuestro Asistente está a la vista, y auxilia con sus providencias cuanto conviene a reparar el pasado contratiempo.

De todo este, sucesivamente se avisará a V. I. ejecutando esta Ciudad con la brevedad que ha permitido el tiempo, y dentro del horror que le ha causado tan inopinado estrago. Cree de la gran clemencia del Rey, de su pío y religioso corazón que le causará notable impresión el contratiempo que han experimentado sus fieles y amantes vasallos, y también se persuade esta Ciudad del genio compasivo de V. I. leerá esta carta con el mayor dolor.

Nuestro Señor prospere a V. I. muchos años que duren.

Sevilla, a 4 de noviembre de 1755.

Fernando Valdés, Don Juan Antonio de Zuloeta [Ilegible]

Don Ju. Franc.o de B… (?) Dononte, El Marqués de Premio Real,

Andrés Samaria Xerez (Escribano de Cabildo)

 

 

** Informe emitido anteriormente a la petición oficial de datos por el Consejo Supremo de Castilla, el 8-XI-1755.

** Información escrita el 4-XI-1755, motu propio, con anterioridad a recibirse la petición de datos por el Consejo Supremo de Castilla,

el 8-XI-1755.

(3.183-1.o)

LA TORRE DEL ORO, uno de los tantos edificios afectados.

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Tras el famoso terremoto de Lisboa de 1755, la torre quedó muy afectada por lo que en 1760 se acometió una resturación. Los huecos de luz fueron ensanchados; se hicieron balcones con barandas y se le agregó un tercer cuerpo con claraboya y cupulimo .  Imagen de Pérez Villaamil  

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